Las Fuentes: formas vivas de nuestra arquitectura tradicional

Sebastían Díaz Iglesias
Doctor por la Universidad de Extremadura
Ldo. en Antropología y Psicología

Publicado en la revista Piedras con raíces
La revista de nuestra arquitectura vernácula
Asociación por la Arquitectura Rural
Tradicional de Extremadura
Número 9. Primavera 2005
piedrasconraices@yahoo.es

Piedras con raíces

Fuente de Oliva Martín Si de cuando en cuando las fuentes en vez de agua permitieran a sus caños verter palabras en sus pilas de granito, estas rebosarían con un discurso claro y cristalino, como el agua, un discurso a través del cual podríamos viajar al pasado para comprenderlo mejor, a la vez instalarnos en nuestro presente para poder repensarlo, incluso imaginar el futuro. Son las fuentes formas vivas de una arquitectura que aún remitiendo a un tiempo pasado, a unas formas de construir pretéritas, en un contexto social y cultural llamémosle tradicional, nos informan asimismo de una forma de vivir actual, nuestra propia forma de vida, incluso de los cambios que nos han hecho llegar a ella y los que se proyectan de cara al futuro.

Si hablaran las fuentes serían como un libro abierto, un libro de historia y de historias, un libro sobre vidas y sobre historias de vida, sobre pensamientos, conocimientos, sentimientos y creencias de toda aquella gente que un día optaron por ir a echar un trago de sus aguas, a dar de beber a sus animales o simplemente a sentarse en su pila y hablar de trabajo, de amores y de mil cosas más, pero también un libro que se está escribiendo en este momento, con nuevos agentes, nuevos papeles sociales para ellos y nuevas circunstancias a partir de las cuales construir el escenario en el que se desarrolla la vida hoy día; un libro que nos habla de pensamientos, conocimientos, sentimientos y creencias de todos los que vamos a beber un trago de su agua para calmar nuestra sed de agua y de relaciones sociales.

Fuente de Oliva Martín Nos hablarían las fuentes del presente, de cómo pensamos, sentimos y nos comportamos los que ahora las visitamos, de cómo ha cambiado la gente que acudía y acude a beber de sus aguas, incluso hacia dónde camina esa gente. Seguramente nos hablaría de gente que habla, viste, y se comporta de distinta manera a como se hacía en décadas pasadas, cuando aún la modernidad no había irrumpido en su pueblo. Probablemente nos hablaría de que ahora los caminos en los que ellas se encuentran están menos transitados que antes, porque ya todos tienen un coche que les lleva por otros caminos más anchos en los que la tierra y la piedra han sido sustituidos por el asfalto, porque ya apenas se transitan los antiguos caminos para ir al campo a trabajar, andando o a lomos de un burro, un mulo o un caballo.

Las fuentes nos hablarían de que la gente que aún anda por su vereda, lo hace más por placer que por trabajo, y eso se nota, porque son distintos los andares. Ahora está de moda recuperar antiguos caminos, participar en grupos de senderismo, quedar a comer en el campo con la familia o los amigos, pasear en plena naturaleza, en definitiva, volver a esas fuentes casi olvidadas, echar en ellas un trago, disfrutar con la belleza de sus formas, el sabor y el sonido de su agua, dedicarle algún que otro requiebro, como si de una dama galanteada se tratara, y dejarla allí para placer de otros andadores de caminos.

Si las fuentes se decidieran a cambiar el monótono sonido del agua al fluir desde el caño y chocar contra ella misma, por esa voz de arrullo que tanto ensalzaría su belleza material, podríamos escuchar de ella también lo que no está escrito en los libros, porque las fuentes hablarían con la voz y la palabra de la tradición oral, sirviendo como canciones, cuentos, refranes, dichos, romances y otras formas del saber popular en las tareas de enculturación que cada sociedad pone en marcha para preparar a sus nuevos miembros, para indicarles cómo funciona el grupo, qué normas rigen el modelo de convivencia en él y cuáles son los comportamientos socialmente adecuados o inadecuados en su seno.

Si las fuentes hablasen los antropólogos las tendrían entre sus más preciados informantes, por la cantidad y calidad de sus testimonios, la objetividad en sus comentarios y el saber que su presencia, en nada puede haber alterado los comportamientos y prácticas sociales sobre los cuales podría hablar sin tapujos. Sería un informante de los mejor informados, un informante clave, a través del cual acceder a todos los grupos de personas que componen la sociedad, porque a una fuente, en uno u otro momento, suelen acercarse hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y viejos, lugareños y forasteros, gentes de diferente clase social, en definitiva, miembros de cualquier colectivo emergente a través de parámetros de semejanza/diferencia en el seno de un grupo social, y eso antes y ahora.

Oliva Martín Si, en fin, las fuentes utilizaran el lenguaje verbal para expresar todo lo que han visto y oído quizá tendríamos que asentir avergonzados con la cabeza y reconocer nuestro sesgo etnocentrista cada vez que hablamos de otras culturas en el espacio y en el tiempo, incluso de nuestra propia cultura tradicional, la que, hasta bien avanzado el siglo pasado, fue la cultura de nuestros ascendientes menos lejanos, la que ellos construyeron sobre la base de la que gestaron los suyos y la que sin duda soporta los cimientos de la nuestra. No son las fuentes, desgastadas por el paso de los años y la erosión de su propia sangre transparente, un producto de una cultura inferior, sino de una cultura que puede escribirse con las letras tan mayúsculas como las que escriben nuestra cultura actual, porque si las fuentes que se hacen ahora tienen caños niquelados y unas puntos luminosos que hacen que el agua brote confundida con luces de colores para goce de todos los que pasamos junto a ellas, las de otro tiempo generaban el mismo goce, cuando alguien bebía de sus aguas o la utilizaba como punto de encuentro en una cita amorosa.

También podrían cantar las fuentes, o al menos con cantares dejarse oír en coplas que otrora las hicieran tan importantes para enviar enamorada mensajes a un hombre, para enviar galante piropos y lisonjas a una mujer, para hacerse fuerte ante un desengaño amoroso, para recriminar una actitud degradante y para tantas cosas más.

Que para ir a la fuente
no se precisa ir lujosa
con un refajo amarillo
van las niñas salerosas.
Amores tiene la fuente
que yo no puedo saber
cuando le acercas al caño
tu boca para beber.
Voy a la fuente El Vallejo
a beber un vaso de agua
que me han dicho que es muy buena
beberla por la mañana.
Mira como corre el agua
del pilar a la pilita,
mira como colorea
esa tu cara bonita.
Anda que ya no te quiero
que te has dejado llevar
como burro de un arriero
a beber agua a un pilar.
No te figures que voy
por ti a la fuente a beber
no voy por ti ni por nadie
que voy porque tengo sed.
No creas que por ti voy
a la fuente a beber agua
no voy por ti ni por nadie
que voy porque tengo ganas.
Paso ríos, paso fuentes
siempre te encuentro lavando
lavandera de mi vida
tú me vas enamorando.
Todos los enamorados
se enamoran en el baile,
yo me enamoré de ti
yendo a por agua una tarde.
Si te quieres venir vente
yo me voy a divertir, a los caños de la fuente a ver el agua salir.
A la fuente vas a por agua
y no llevas compañía
¿quieres que yo te acompañe
hermosa paloma mía?.
Vas al pilar a por agua
y no llevas compañera
¿quieres que yo te acompañe
rosa de la primavera?
Una niña me dio ayer
agua de un cántaro nuevo
ella se muere por mí
y yo por ella me muero.
Aquel cantarito
bien cumplido fue
¡qué cosas diría
de nuestro querer!
Una rubia fue a por agua
porque la vieran el pelo
déjala que vaya y venga
ya caerá en el anzuelo.

Fuente El Esperón Si hay unas fuentes que se dejan querer por su estilizada presencia entre el verde de la hierba y los brezos, son esas de cuerpo pequeño y alargado, sin adornos, fragmentada en cinco, diez, veinte o más pilas que se estiran en segmentos como los de una escolopendra, cada una en un peldaño inferior a la anterior para facilitar que el agua fluya entre ellas, como si de una prolongada escalera de peldaños de ancha huella y corto pie se tratara. Son pilas de hechura tosca, cinceladas en granito, llenas de un agua cristalina que camina con lentitud, de pila en pila, sobre un fondo verde de plantas y algas, coronadas por un único caño que las mira protector desde la altura, vertiendo con su agua un lenguaje suave que ha de llegar a todas como queriéndolas mantener unidas y ordenadas. Son pilas labradas con pocos miramientos por especializadas manos de picapedreros, noble oficio del que aún nos quedan obras con las que deleitarnos y apodos que remiten a un pasado ciertamente lejano.

Cuenta Piornal con no pocas de estas fuentes de las que aún se puede beber su agua transparente, fría y un tanto desalada, pues son estas fuentes de montaña que no gustan de vivir entre casas, sino en plena naturaleza, aderezado su entorno con el verde del paisaje.

Es el caso de la fuente de Peña Negra, Oliva Martín, los Praos de la Lucía, la Trampa, el Esperón, Beceíllas, los Juntanales, el Zauce, la Zajurdilla, la Joya, la Fuente Matea, las Barquirizuelas, las Tinas, Piedilla, Navarredonda, Rozaluna y algunas más. Cada una con una historia intensa y unas ganas locas de salmodiarla o, al menos, de que alguien la cuente antes de que los últimos que la conocen se vayan para siempre con el secreto bien guardado.

Dicen de la fuente de Oliva Martín que allí bajaba a beber la Serrana, aquella fiera con medio cuerpo de caballo y otro medio de mujer que mataba a todo hombre que pasaba por las inmediaciones de su cueva, situada a unos pocos metros de la fuente, muy cerca del camino entre Garganta de la Olla y Cabezuela del Valle, y que allí cerca se encuentra la "china", piedra de arroba y media que, según cuentan, la Serrana lanzó con su onda al joven que huyó indemne de su cueva y acabó por delatarla.

La fuente de la Trampa está ubicada a pocos metros del agujero empedrado que bien disimulado, oculto con ramajes en el suelo, constituía una trampa mortal para los lobos que, inocentes, caían en él para después ser sacrificados, en su huida temerosa de las voces, gritos, toques de campanas, tiros, y ruidos causados por cualquier objeto sonoro golpeado violentamente sin descanso, los días en los que los piornalegos salían en su busca; "a lobos" que se decía.

Fuente de Peña Negra La fuente de Peña Negra se sitúa en la falda del pico que lleva su mismo nombre, pico que no deja de recibir visitas para desde su alto tener a los pies todo el Valle del Jerte, desde Tornavacas a Plasencia, y que hace ya un buen puñado de décadas ocasionó una importante disputa entre los vecinos de Piornal y los de Navaconcejo, que llevó a muchos piornalegos a la cárcel de Cáceres, tras atreverse a desarmar a la misma Guardia Civil que trató de intervenir en el litigio.

Y así podríamos seguir hablando de estas y las otras fuentes, hasta rellenar hojas y hojas. Pero no es este el cometido de lo que resta de este artículo, sino mostrarles cómo son y para qué sirven o han servido estas fuentes, con palabras e imágenes.

Ciertamente en una localidad tradicionalmente ganadera como Piornal, estas fuentes han tenido una importante funcionalidad asociada a la importante cabaña caprina que hasta mediados del siglo XX dominó la economía piornalega. Hasta esa fecha prácticamente todo el mundo en Piornal tenía cabras, y para que éstas bebieran cuando iban en piara, qué mejor que fuentes con un buen puñado de pilas a las que pudieran acercarse muchos animales al mismo tiempo. Con este objetivo se hicieron y con este han permanecido durante mucho tiempo.

Fuente de Peña Negra La segunda mitad del mencionado siglo ha supuesto en Piornal un progresivo e intenso debilitamiento de esta cabaña caprina, hasta el punto de prácticamente desaparecer ante la llegada de un sistema de producción agrícola cooperativo, con el cultivo de la cereza como estandarte. Ya nadie tiene cabras en Piornal, ahora todos tienen cerezos, y como quiera que el nicho ecológico de unas y otros es diferente, las cabras asociados a nichos de más altura, de brezal y melojar sobre todo, y los cerezos a zonas de media falta de montaña hacia abajo, las fuentes, fundamentalmente situadas en lugares de paso para el ganado, han quedado prácticamente abandonadas a su suerte, la suerte de no tener casi quién vaya a beber de ellas; ni a beber, ni a limpiarlas, cosa que antes no ocurría.

El final de siglo ha supuesto para estas fuentes un auténtico revulsivo ya que la proliferación de grupos de senderismo o personas interesados en esta forma de ocio, las ha devuelto un protagonismo que habían perdido. Cierto es que ahora las fuentes no tienen la funcionalidad que antes se las otorgara, aunque no es menos cierto que su importancia ha crecido en otros terrenos, especialmente el simbólico. Estas fuentes de varias pilas, perdidas en el campo, ocultas entre brezos o entre ricas hierbas bien regadas por su agua, remiten a un tiempo pasado, a una forma de vida diferente a la actual pero de la cual procede ésta y constituyen auténticos emblemas de identidad para los pueblos, una identidad que lucha por mantenerse ante los envites de una globalización de gran voracidad. Son estas estructuras de roca, de formas toscas, poco labradas, que generan un contrapunto paisajístico de gran belleza con la flora que la envuelve, las que sirven a la gente para anclarse, como ellas lo están, al terruño que les vio nacer, como le sirven los símbolos presentes en sus fiestas o sus músicas de tradición oral.

 Fuente Las Beceillas Pero hasta estos lugares recónditos, donde se dibujan con estilizada silueta las fuentes, llega la modernidad y los procesos de adaptación se vuelven insalvables.

Desde hace unos años en Piornal, algunas de estas fuentes han sufrido ciertas remodelaciones, con el cemento como principal protagonista en su nueva indumentaria, cemento para aumentar su cabida, retocar sus "desperfectos" o anclar añadidos.

Las hay que muestran gomas negras de poliéster saliendo de su interior, gomas que recorren varios kilómetros desde su origen hasta, a modo de estructura arborescente, ramificarse y llevar el agua a cada uno de los huertos que se sitúan tierras abajo. Otras, más profanadas en su estética, se han visto ampliadas con nuevas pilas, que no son otra cosa que bañeras de las utilizadas como sanitarios para los servicios y aseos. Con ellas el granito azul, de textura rugosa, cubierto de musgo y bañado en algas, se ha visto compartiendo estructura con bañeras blancas y lisas, de impecable pulido.

Tras unos años en los que las fuentes simbolizaban una forma de estética y belleza que remitía a lo tradicional, algunas de ellas nuevamente han adquirido la funcionalidad antigua, la de servir para que beban a la vez varios animales, y ello como motivo de la novedosa utilización de ciertas zonas para pasto de vacas.

 Fuente de La Trampa La situación se evalúa de forma dispar dependiendo de la persona que realice tal evaluación. Para la gente mayor del pueblo, las bañeras no hacen más que aumentar las posibilidades de la fuente, al permitir que el objetivo para el cual estaban concebidas, que no era otro que para abrevadero de ganado, se consiga con mayor éxito, ya que la fuente pierde menos agua y sirve para más animales con la nueva estructura y los parches de cemento en la antigua. La gente joven, quizá más sensibilizada hacia cuestiones estéticas y con menos necesidad de ser altamente funcionalistas, dada la época de vacas gordas que les ha tocado vivir, critican abiertamente las innovaciones a las que se han visto sometidas algunas de estas fuentes, aunque no con demasiada fuerza.

Seguramente el tiempo acabará por acostumbrarnos a las fuentes tal y como la actualidad no las enseña, con una amalgama de elementos viejos y antiguos complementados con otros nuevos y modernos; en todo caso, aún en un futuro mantendrán en su agua, en sus rocas y sus bañeras un impresionante tesoro etnográfico al que podremos acceder a poco que las hagamos hablar. Vayamos a las fuentes, bebamos de su agua, escuchemos sus sonidos, olamos sus aromas, toquemos su cuerpo, observémoslas y pensemos en ellas como estructuras con contenido social y seguro que ellas acabarán por hablarnos, sin duda.

FOTOGRAFÍAS:
- Juan García Yuste: fuentes de Beceillas y el Esperón.
- Ángel Prieto Guillén: fuente de Peña Negra .
- Sebastián Díaz Iglesias: fuentes de la Trampa y de Oliva Martín .

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